*Gimnasio 452 – Aldoria*
—1598… 1599… 1600.
Solté el suelo y me incorporé sin esfuerzo.
El entrenamiento intensivo ya no representaba una carga. Era rutina.
Respiré hondo.
Tras dos semanas de régimen estricto, entrenamiento continuo y uso controlado de soluciones nutritivas de alta calidad, había alcanzado el límite físico de un humano común.
Todo lo que viniera después… ya no sería natural.
—Es hora de comprobarlo.
No había revisado el sistema integral en días.
Había confiado en Biología Interna, Cadencia Interna y Mente Serena para autorregular los cambios. Ahora podía optimizar.
Activé el sistema.
Sistema integral – Monitoreo total
Usuario: Elion Vexar
Estado: Saludable
Capacidades físicas:
Velocidad: 45 (+15)
Fuerza: 45 (+15)
Resistencia: 45 (+15)
Flexibilidad: 45 (+15)
Saciedad: 70%
Hidratación: 65%
Energía física: 45%
Energía mental: 75%
Integridad ósea: 97%
Integridad muscular: 92%
Integridad neuronal: 98%
Nodos energéticos: 361
Integridad nodular: 100%
Energía astral: 65/99
Umbrales singulares: 2
? Mente Serena (activo)
? Transporte Químico Selectivo (pasivo)
Saturación: 35%
—Finalmente…
Mente Serena titubeó.
La emoción atravesó el control y una lágrima cayó sin resistencia.
—Todo esto fue posible gracias a Transporte Químico Selectivo…
Había redistribuido nutrientes directamente en los nodos, eliminado pérdidas, afinado cada reacción con precisión quirúrgica.
The author's narrative has been misappropriated; report any instances of this story on Amazon.
Demasiado eficiente.
—Pero el rebote de Mente Serena está empeorando… —pensé—. Mi cuerpo empieza a superarla.
Consumí los restos del fluido almacenado en el sistema químico y corté el proceso.
Ducha rápida.
Uniforme negro con la estrella oscura del Top 10 del Ranking Aurus.
—La primera impresión importa.
Caminé veinte minutos hasta la habitación, ordené los documentos del trato con Julius y pedí el desayuno.
—Alpha, reunión en treinta minutos.
—Confirmado.
Comí en silencio.
Cinco minutos frente al espejo bastaron.
Salí.
Los pasillos se estrechaban a medida que avanzaba.
Miradas.
Susurros.
—Así que este es el 999…
Las voces llegaron antes que la puerta.
Una discusión violenta.
Un golpe.
Un estruendo.
Revisé la dirección.
Era aquí.
Toqué el timbre.
Silencio.
La puerta se abrió lentamente.
Un joven bajo, cabello rubio, ojos negros.
—?Bienvenido al grupo de estudio 999! —dijo con una sonrisa exagerada—. Yo soy Jaster Holew, tercer a?o. Pasa, pasa.
—Nexor —llamó—, preséntate.
Un chico de mirada apagada asintió apenas.
—Nexor Flyter. Segundo a?o.
La sonrisa de Jaster se tensó por un segundo.
—Ignóralo —dijo rápido—. Es tímido con los nuevos. ?Qué te trae por aquí, Elion Vexar?
—?Nos conocemos?
—No. Pero yo sí a ti.
Mencionó la batalla contra Ultear sin emoción, como si hablara de una estadística.
Le entrego a Jaster durante su monólogo una carta y un emblema.
Sus ojos cambiaron al leer.
—Así que Julius también te convenció…
Abrieron una puerta roja.
—Camina —dijo Jaster—. Con tres, podemos pasar al siguiente paso del plan.
La habitación interior estaba cubierta de puntos y líneas caóticas.
—Me están mareando… —comenté.
Nexor cerró la puerta.
Jaster presionó un punto al azar.
El suelo vibró.
Una grabación comenzó a sonar: risas, discusiones triviales, voces sin importancia.
—Perfil bajo —dije.
—Exacto —respondió Jaster—. Décimo puesto de nuestra generación. Sin familia. Sin respaldo.
—Crecemos en silencio —a?adió Nexor— para cuando sea inevitable luchar.
Veinte minutos de descenso.
Las puertas se abrieron.
Un centro de entrenamiento oculto.
Medidores astrales.
Simuladores.
Sistemas de mejora física avanzada.
—?Una guerra? —pregunté.
—Cuando descubran que no los necesitamos —respondió Jaster—. Las familias caerán primero.
Nexor tomó un conjunto de entrenamiento.
—Pero antes —dijo—, queremos saber si mereces estar aquí.
Me lanzó el equipo.
Lo activé.
Ajusté mis habilidades sin ruido.
Todo en sintonía.
Entramos a la arena.
Nexor me observó con ojos vacíos.
Susurró algo.
Atacó.
Su silueta desapareció.
Bloqueé por reflejo.
El impacto me lanzó dos metros.
Caí. Me levanté.
La presión no se detuvo.
Golpes continuos.
Precisos.
Despiadados.
—No me decepciones, Vexar —susurró Nexor.
Su cuerpo comenzó a contorsionarse.
Exactamente como Ultear.
Apreté los dientes.
—Esto va a doler

