home

search

05. Primer encargo (parte 2)

  Nos tomó menos de media hora de caminata a Haruka y a mí llegar a la entrada del túnel. Para cuando llegamos, el sol ya se había ocultado por completo. El lugar estaba sumido en la oscuridad; al tratarse de una carretera en desuso, se encontraba visiblemente deteriorada, con solo unas pocas farolas aún funcionando a lo largo del camino.

  El ambiente parecía sacado de una película de terror. Reinaba un silencio absoluto, ni siquiera se escuchaba el canto de los pájaros. Pero lo más inquietante era el interior del túnel: por más que forzaba la vista, no podía ver nada. Era una negrura total, claramente antinatural. Resultaba extra?o… los catsith tenemos, además de un excelente oído, una visión nocturna superior. Nunca antes había tenido problemas para ver en la oscuridad, pero esto era diferente. Como si algo estuviera bloqueando la visión hacia el interior.

  —Mochi, comencemos con una peque?a prueba. Intenta sentir el éter.

  Haruka había entrado por completo en su modo profesora.

  —Entendido, Haruka-sensei. Me pondré en ello de inmediato —respondí con una sonrisa, tratando de aliviar la tensión.

  Di unos pasos hacia la entrada y cerré los ojos, concentrándome exactamente como Haruka me había ense?ado. Respiré hondo. Luego de un minuto, empecé a sentir esa sensación familiar: el aire se volvía más denso, como si estuviera cargado de algo invisible. El éter fluía a mi alrededor. Lo sentía como finas fibras de energía que se extendían desde el interior del túnel, como raíces vivas que se movían. Pero no solo eso… también percibía emociones intensas: odio, miedo, desesperación.

  —Hay algo ahí dentro —murmuré, abriendo lentamente los ojos.

  —Muy bien, Mochi. Ciertamente, hay una anomalía dentro… y ya sabe que estamos aquí. Prepárate para entrar. Yo iré primero, sígueme de cerca y asegúrate de obedecer cada orden que te dé —indicó con seriedad.

  Sin perder tiempo, sacó su abanico de combate del interior de la manga izquierda. Supuse que por fin había llegado el momento de usar mis propias armas. Saqué los pu?os americanos de su escondite en el bolsillo interno de mi campera y me los coloqué. Se ajustaban perfectamente a mis manos. Mi corazón latía con fuerza, no por miedo, sino por emoción: ya quería enfrentarme a una anomalía… y golpearla.

  Una vez lista, seguí a Haruka al interior. Me mantuve pegada a su espalda; he visto demasiadas películas de terror como para cometer el error clásico de separarme al entrar.

  El interior del túnel era una oscuridad absoluta. Tuvimos que encender las linternas de nuestros celulares para poder ver por dónde caminábamos. Por cierto, tuve que comprarme un nuevo teléfono después de haber perdido el anterior durante aquella persecución...

  El avance era lento, y el silencio se hacía cada vez más opresivo. No pasaba nada, pero eso solo aumentaba mi nerviosismo. Me daba la impresión de que algo, o alguien, nos estaba esperando más adentro, tendiendonos una trampa.

  Cada ciertos metros nos deteníamos para que yo practicara el sentir el éter. Cada vez que lo hacía, la sensación era la misma: estábamos rodeadas. Algo, oculto entre las sombras, nos observaba.

  Lentamente, nos fuimos acercando al otro extremo del túnel. La sensación de ser observadas no desaparecía. Me preguntaba si aquello que nos acechaba estaría esperando que bajáramos la guardia al llegar a la salida… para atacarnos por la espalda.

  —Haruka, ya casi salimos. Al final esa anomalía no apareció... Parece que me tuvo miedo de enfrentarme —bromeé con una sonrisa, intentando aliviar la tensión.

  —Lo más probable es que así sea — Haruka respondió con total seriedad.

  —?Eh?

  Su respuesta me descolocó por completo.

  Solo había hecho un comentario para romper el hielo, pero... ?realmente esa anomalía tiene miedo de salir?

  —?De verdad la anomalía tiene miedo de aparecer? No pensé que fueran inteligentes.

  —Las anomalías, con el tiempo, pueden volverse más inteligentes —explicó Haruka con calma, sin dejar de caminar—. Algunas llegan incluso a hacerse pasar por personas comunes y viven entre nosotros. Pero nunca dejan de ser seres que se alimentan de humanos.

  —Entonces... si es inteligente, ?también es poderosa?

  —No necesariamente. Hay muchas anomalías débiles que son inteligentes. Es precisamente esa inteligencia lo que les permite sobrevivir a pesar de su falta de fuerza. En cuanto a esta… es algo poderosa, pero no tanto como el gato que te atacó. Sin embargo, es del tipo animalia que son problemáticas de enfrentar. Y esas pueden volverse muy peligrosas si no se las elimina a tiempo, ya que…

  Un grito desgarrador interrumpió de golpe nuestra conversación. Me sobresalté y, sin pensarlo, me pegué a Haruka abrazándola por detrás con fuerza.

  —?Mochi, suéltame! No puedo moverme así.

  This book's true home is on another platform. Check it out there for the real experience.

  —?Perdón! —me apresuré a soltarla, aún con el corazón acelerado, y me puse en guardia.

  Los gritos se acercaban rápidamente, junto con el sonido apresurado de pasos.

  —Esconde tu arma, Mochi. No es una anomalía… son humanos.

  De inmediato, volvió a guardar su abanico en la manga. Yo la imité, escondiendo los pu?os americanos en los bolsillos internos de mi campera.

  Poco después, pudimos verlos: Haruka se adelantó y se puso frente a mí en posición defensiva. Desde la oscuridad, emergieron corriendo un chico con gafas y una chica de cabello alborotado. Ambos estaban empapados en sudor y con la respiración agitada. Se detuvieron justo frente a nosotras, jadeando desesperadamente.

  —?Nos está siguiendo! ?Nos está siguiendo! —gritó el chico, con voz chillona por el pánico. Las gafas se le habían torcido y tenía el rostro pálido.

  —T-Tenemos que salir… —balbuceó la chica, tambaleándose. Sus piernas no la sostuvieron más y cayó de rodillas justo a mi lado, con lágrimas desbordándole los ojos.

  —Tranquilos, escuchen —dijo Haruka con voz firme pero serena, dando un paso hacia ellos—. Necesito que me acompa?en hasta la salida. Están a salvo ahora, pero necesito que nos muestren dónde ocurrió. Vamos a protegerlos.

  —??Protegernos!? ?Ese fantasma hizo explotar a Daichi como si fuera un globo! —gritó el chico, retrocediendo con la mirada desquiciada—. ?Yo no quiero morir! ?No pienso quedarme aquí!

  —Es peligroso que vayas por tu cuenta —le advirtió Haruka, frunciendo el ce?o—. Quédate con nosotros, te lo digo en serio.

  —?No! ?No! ?No!

  Haruka intentó calmarlo, pero fue inútil. El chico gritó con fuerza y salió corriendo túnel adentro, por donde habíamos venido, desapareciendo rápidamente más allá del alcance de nuestras linternas.

  —?Oye! ?Detente! —exclamó Haruka, pero él ya se había perdido en la oscuridad.

  Antes de que pudiera reaccionar, la chica que lo acompa?aba se aferró a mí con fuerza, enterrando el rostro en mi hombro. Su cuerpo temblaba como una hoja, y no paraba de sollozar.

  —No… no me dejes… no me dejes sola…

  —?Ve tú! —le grité a Haruka mientras abrazaba a la chica con fuerza—. ?Está demasiado alterado, no va a detenerse! ?Yo la llevaré a la salida, no te preocupes!

  Haruka me miró en silencio durante unos segundos. Luego asintió con determinación.

  —Mochi, si pasa algo, no intentes ser una heroína. Solo huye de inmediato, ?entendido?

  Después de decir eso, se dio media vuelta y corrió tras el chico. En pocos segundos, su figura se desvaneció en la oscuridad.

  —Todo estará bien —le susurré a la chica, manteniéndola abrazada—. Vamos a salir de aquí… yo te llevaré.

  —Por cierto, me llamo Noa —agregué, tratando de sonreírle—, pero puedes decirme Mochi.

  Tomé su mano con cuidado, y empezamos a caminar juntas hacia la salida.

  ***

  La chica se presentó como Noa, pero con una sonrisa dulce me dijo que podía llamarla Mochi. Me tomó la mano con total naturalidad, como si ya me conociera, y sin soltarme empezó a guiarme por el túnel.

  Su mano era cálida. Más de lo que esperaba. Supongo que, después de todo lo que pasé, necesitaba un poco de calor. Ella emanaba una energía serena, apacible. Como si su sola presencia bastara para alejar todo el miedo que había sentido hasta hacía un instante.

  Durante el camino de vuelta, no podía evitar desviar la mirada hacia ella una y otra vez. Su cabello rosa se balanceaba suavemente con cada paso, esponjoso y ligero como algodón de azúcar… pero no de ese tipo chillón y artificial, sino un tono delicado, que daban ganas de acariciar. Sus orejas —peque?as, cubiertas de un pelaje corto— se movían sutilmente con cada sonido, y su cola… se balanceaba con un ritmo relajante de un lado al otro.

  Linda. No sé por qué, pero fue lo primero que cruzó por mi cabeza.

  Me di cuenta de que aún no me había presentado, así que tragué saliva y murmuré:

  —Miyu… Tachibana. Me llamo Miyu Tachibana.

  —Encantada de conocerte, Miyu —respondió ella con una sonrisa tierna, sin detenerse, apretando un poco más mi mano.

  Finalmente, salimos del túnel. El aire fresco de la noche me golpeó de lleno, y me detuve un segundo para tomar una bocanada profunda.

  Y entonces la vi: la cabina telefónica. Estaba a unos metros de nosotras, exactamente donde… sucedió todo.

  Pero estaba limpia. Increíblemente limpia. Ni una gota de sangre. Ni una mancha. Ningún rastro de lo que había ocurrido ahí dentro. El vidrio lucía impecable, reluciente incluso bajo las tenues luces de la calle.

  Un escalofrío me recorrió la espalda.

  —Ahí… ahí fue donde… —No pude terminar la frase. Solo apreté más la mano de Mochi.

  Ella asintió despacio, comprendiendo sin que tuviera que decir nada más.

  Dio un paso hacia la cabina.

  —E-espera… — le susurré, sin soltarla. No quería acercarme. No quería volver a ver ese lugar. Pero tampoco quería alejarme de ella. Así que, en silencio, caminé a su lado, aferrándome con más fuerza a su mano.

  Mochi observó la cabina desde distintos ángulos. Nada pasaba. Parecía otra vez una cabina común y corriente.

  Después de revisar la cabina decidimos alejarnos de ella para mayor seguridad.

  Nos quedamos ahí, quietas, mirando hacia el túnel. Esperando el regreso de la chica elfo que había ido a buscar a Shunji.

  De forma repentina ambas fuimos sorprendidas por un sonido.

  Riiiing... Riiiing…

  Me volteé lentamente hacia la cabina… y lo que vi me dejó sin aliento. Esta vez había algo diferente.

  Había algo dentro de la cabina.

  Parecía una figura humana… pero desdibujada, borrosa. Su cuerpo no tenía bordes definidos, solo trozos de niebla oscura que temblaban y se deslizaban lentamente por las paredes de cristal. Era como humo atrapado en una forma que intentaba ser humana… pero no lo era.

  No tenía rostro. Nada. Solo un vacío opaco en medio de aquella neblina viviente. Y, aun así, sentía su mirada. Fija. Inmóvil. Como si me atravesara desde el otro lado del vidrio.

  Riiing… Riiing…

  El teléfono seguía sonando, justo al lado de esa cosa.

  No se movía. Ni un solo centímetro.

  Y sin embargo, sentía que me llamaba.

Recommended Popular Novels