Sección 1: Recomposición y Confrontación
El mundo regresó a Martín en fragmentos dolorosos. Primero fue el frío de la piedra bajo sus rodillas y palmas, un frío antiguo que parecía filtrarse hasta los huesos. Luego, el sonido: el agudo y errático pitido de los sensores de Thorian, la respiración contenida y tensa de Althaea muy cerca, y bajo todo ello, el silencio opresivo y antinatural de las ruinas. Abrió los ojos, parpadeando contra la luz grisácea de la cámara o plataforma donde se encontraba el círculo. Todo parecía demasiado brillante, demasiado nítido, como si sus sentidos estuvieran sobrecargados. Un temblor incontrolable recorrió su cuerpo, una resaca física y energética del evento que acababa de experimentar, fuera lo que fuera.
"Martín..." La voz de Althaea era baja, urgente, justo a su lado. Sintió su mano firme en su brazo, ayudándolo a estabilizarse, anclándolo a la realidad inmediata. él asintió débilmente, intentando tragar saliva en una garganta repentinamente seca.
Fue entonces cuando vio a Elmsworth. El erudito se había acercado, deteniéndose a pocos pasos, observándolo no con la preocupación que mostraría un compa?ero, ni siquiera con la cautela de un extra?o ante un fenómeno peligroso, sino con la intensidad febril y desapegada de un científico examinando un espécimen único bajo el microscopio. Sus ojos grises, detrás de las gafas impecables, brillaban con una avidez casi depredadora.
"?Increíble!" susurró Elmsworth, su voz vibrando de excitación contenida. "?Lo ha sentido? ?La resonancia! ?La manifestación! ?Qué ha visto, Sr. Vega? ?Qué ha sentido exactamente?" Se inclinó ligeramente hacia adelante, ansioso por respuestas.
Algo dentro de Martín reaccionó a esa mirada, a esa avidez que lo reducía a un objeto de estudio. No fue la furia ciega del Espíritu, ni la lógica helada del Arquitecto dominando por completo, sino una mezcla peligrosa de ambas, una reacción de autodefensa nacida del terror y la violación que acababa de experimentar. Se enderezó lentamente, apartando con suavidad pero con firmeza la mano de Althaea. El temblor que lo sacudía disminuyó abruptamente, reemplazado por una quietud antinatural, una compostura forzada que se sentía frágil como el hielo fino sobre un abismo.
Miró directamente a Elmsworth, y aunque el agotamiento era visible en las líneas de su rostro, sus ojos ahora tenían un brillo diferente, frío, calculador, casi inhumano. El temblor en sus manos había desaparecido por completo... pero sus pupilas seguían anormalmente dilatadas, oscuras y profundas, como si estuvieran viendo algo más allá de la figura del erudito, algo en el tejido mismo de la realidad que Elmsworth solo podía teorizar.
Cuando habló, el doble eco en su voz era innegable, más pronunciado que nunca, con un matiz metálico y resonante que hizo que incluso Thorian dejara de mirar sus sensores y levantara la vista con alarma.
"Tenemos que hablar, Maestro Elmsworth," dijo Martín, su voz sorprendentemente estable, aunque con esa cualidad dual y perturbadora. "Ahora mismo." Hizo una pausa, su mirada fija y penetrante, desprovista de cualquier emoción reconocible. "Y por tu bien," a?adió, cada sílaba cayendo como un chip de hielo, "espero que escuches mejor que lo que observas."
La amenaza, aunque velada, era inconfundible, entregada con una calma que era mucho más aterradora que cualquier grito de furia. La dinámica en la silenciosa plataforma de las ruinas acababa de cambiar irrevocablemente.
Sección 2: Claves, Ecos y Mentiras Expuestas
Elmsworth parpadeó, sorprendido no tanto por la confrontación –quizás esperaba alguna reacción después del evento– sino por el tono. La frialdad calculadora en la voz de Martín, ese doble eco resonante y la mirada dilatada y extra?amente vacía, lo descolocaron por un instante. La máscara de cortesía académica vaciló.
Martín no le dio tiempo a recomponerse. Continuó con la misma calma gélida, basándose en las sospechas que había albergado, en los fragmentos leídos apresuradamente en el diario, pero ahora imbuido de una certeza y una precisión que no eran del todo suyas. "Tu diario," dijo, la palabra sonando casi como una acusación, "habla de 'resonancias armónicas' y 'ecos residuales'. Bonitas palabras. Eufemismos para ocultar la verdad, quizás incluso a ti mismo."
Dio un paso lento hacia el erudito, obligándolo a retroceder instintivamente. "Tú no buscas solo estudiar este lugar, Elmsworth. Buscas usarlo. Buscas forzar una conexión, abrir una puerta que ha estado sellada por razones que ni siquiera comprendes." Mientras hablaba, tuvo un flash mental, una imagen superpuesta a la realidad: vio la estructura energética subyacente de las ruinas no como piedras muertas, sino como un complejo diagrama tridimensional de circuitos dormidos, nodos de poder apagados y líneas de flujo interrumpidas. Lo vio. Lo contuvo. No intentó entenderlo; el entendimiento era un lujo que no poseía en ese instante. él era solo el recipiente de esa información prestada.
"Creías que la Lente era la llave," continuó Martín, su voz adquiriendo ese matiz mecánico y disonante por un momento. "Un instrumento para afinar la cerradura. Pero te equivocaste." Su mirada se volvió aún más penetrante, como si pudiera ver a través de las pretensiones del erudito. "Ahora crees que yo soy la llave. Una interfaz biológica más eficiente, un resonador viviente para tus ambiciones de contactar con esos 'niveles superiores'."
La voz de Martín cambió sutilmente de nuevo, volviéndose más fría, más ajena, el eco metálico intensificándose hasta casi ahogar su propio tono. "Una conciencia antigua," dijo, y las palabras parecieron vibrar en el aire inmóvil de la cámara, "no aprecia que seres inferiores introduzcan sus apéndices sensoriales en mecanismos de realidad compleja que escapan a su limitado paradigma existencial. Los protocolos de seguridad latentes podrían activarse con consecuencias... terminales."
Elmsworth retrocedió otro paso, su rostro ahora pálido, la sorpresa reemplazada por una mezcla de miedo y asombro. La precisión de las acusaciones, la mención a los "niveles superiores" y, sobre todo, esa última frase pronunciada con una voz que no parecía del todo humana, lo habían desarmado por completo.
"?Cómo...?" tartamudeó, sus gafas resbalando ligeramente sobre su nariz. "?Cómo sabes tú... sobre el contacto? ?Sobre los protocolos?"
Acorralado, expuesto, intentó justificarse, su voz recuperando un temblor de fervor científico. "?Sí! ?El potencial es incalculable! Contactar con inteligencias primordiales, entender la verdadera naturaleza de la magia, de la creación misma... ?Es el mayor descubrimiento posible! ?Y tú!" Sus ojos se clavaron de nuevo en Martín, la fascinación luchando contra el miedo. "?Lo que sea que eres! ?La forma en que resonaste con el círculo! ?Eres la prueba viviente! ?La clave para desbloquearlo todo!" Su ambición, desnuda y cruda, era tan evidente como peligrosa.
Sección 3: La Negociación: Lente por Libertad (de los Otros)
Martín dejó que el eco frío del Arquitecto se desvaneciera de su voz, aunque la sensación de control calculado permaneció. Observó la mezcla de miedo y excitación obsesiva en el rostro de Elmsworth. La clave, había dicho. Martín sintió un escalofrío recorrerle la espalda, pero lo reprimió. Ahora tenía la ventaja, aunque fuera precaria y nacida de un evento aterrador. Era el momento de presionar.
"Usted me ve como una clave," dijo, recuperando un tono más cercano al suyo, aunque todavía tenso y con el doble eco persistente. "Yo lo veo a usted como... un problema. Un riesgo imprudente para sí mismo y para cualquiera que se cruce en su camino." Su mirada se endureció. "Y resulta que usted ya se ha cruzado en el camino de otros."
Sacó a relucir el tema con una brusquedad deliberada. "La Misión #901. Los 'ocupantes ilegales' del Cruce del Mercader. La 'molestia logística' que necesita ser 'dispersada eficientemente'." Citó las palabras del diario con precisión mordaz. "Esa gente. Son refugiados, Elmsworth. Desplazados por un criminal llamado Vorlag. Están muriendo de hambre y enfermedad. Y usted quiere que el Gremio los eche a patadas para que no 'interfieran con sus delicadas lecturas energéticas'."
Elmsworth intentó adoptar una expresión de indiferencia académica. "Una desafortunada externalidad, sí. Pero irrelevante para el panorama general de mi investigación. El Gremio se encargará..."
"No," lo cortó Martín con firmeza. "El Gremio nos envió a nosotros. Y nosotros no vamos a hacerlo." Vio la sorpresa y la molestia cruzar el rostro del erudito. "Pero quizás podamos llegar a un acuerdo... temporal."
Hizo una pausa, dejando que la oferta flotara en el aire tenso. "Yo sé dónde está su Lente. El contacto con el círculo," mintió o simplificó, atribuyendo la información que sentía resonar en su mente a la interacción con el artefacto, "dejó una 'impresión residual' bastante clara de su ubicación."
Los ojos de Elmsworth se iluminaron con avidez renovada. "?De verdad? ?Dónde?"
"Eso es parte del trato," replicó Martín.
Elmsworth vaciló, su mente claramente trabajando a toda velocidad. La Lente seguía siendo importante, pero la posibilidad de estudiar, de usar a Martín... era infinitamente más tentadora. Intentó una contrapropuesta, su voz recuperando un tono persuasivo, casi seductor. "Podemos negociar la Lente, por supuesto, Sr. Vega... un intercambio justo. Pero primero, como gesto de confianza mutua entre... colegas con intereses similares... permítame realizar algunos estudios preliminares sobre usted. Aquí mismo. Brevemente. Solo unas lecturas energéticas no invasivas, para entender mejor la naturaleza de su... resonancia única."
Martín lo miró fijamente, una sonrisa gélida y desprovista de humor curvando apenas sus labios. La comisura derecha de su boca se alzó muy levemente, un tic casi imperceptible, un eco inquietante de la máscara geométrica que había visto en su visión interna. "?Estudiarme?" repitió, el doble eco volviéndose más pronunciado, casi vibrante. "Solo si le parece sensato," continuó, la voz ahora claramente no del todo suya, fría y cortante como el hielo, "intentar hacer un trato... con algo que claramente no entiende. Y que acaba de mirarlo directamente a los ojos... sin parpadear."
La amenaza implícita, la sugerencia de una naturaleza incomprensible y potencialmente hostil, golpeó a Elmsworth con la fuerza de una bofetada. Retrocedió otro paso, su rostro perdiendo color. La curiosidad científica luchó contra un instinto de autopreservación repentinamente despierto.
"La Lente primero," insistió Martín, su propia voz luchando por recuperar el control total sobre el eco ajeno. "Es el contrato original que nos trajo aquí. Y es mi condición innegociable. Ayúdeme a recuperarla ahora. Y a cambio, usted contactará al Gremio ahora, delante de nosotros, y retirará formalmente la Misión #901." Hizo una pausa, su mirada fija en el erudito. "Después de eso... ya veremos qué clase de 'alianza interesante' se puede forjar."
La oferta –o más bien, el ultimátum– estaba sobre la mesa. Elmsworth miró a Martín, luego a Althaea (cuya mano no se había apartado de su lanza), luego a Thorian (que observaba con una mezcla ilegible de interés técnico y alarma). La fascinación por la "clave" luchaba contra el riesgo evidente y la necesidad de recuperar su herramienta perdida. La tensión era palpable.
Sección 4: La Guía Inesperada
Elmsworth sopesó sus opciones en un silencio tenso que se prolongó durante varios segundos. Sus ojos grises se movían rápidamente entre Martín, la Lente imaginada y los riesgos implícitos en la situación. La amenaza velada en la voz alterada de Martín, combinada con la manifestación que había presenciado, había sido efectiva. Vio a Martín no solo como una clave fascinante, sino también como una variable peligrosa e incomprensible. Recuperar la Lente ahora, cumpliendo con la condición de este extra?o Rango C, parecía el movimiento tácticamente más prudente. Podría ganar tiempo, observar más, y quizás encontrar una forma de controlar o explotar el potencial de Martín más adelante, bajo sus propios términos. La obsesión a largo plazo superó la impaciencia inmediata.
Stolen from its rightful place, this narrative is not meant to be on Amazon; report any sightings.
"Está bien, Vega," dijo finalmente, su voz recuperando parte de su compostura académica, aunque con un matiz de resignación forzada. Accedió con un aire de astucia calculada, como quien permite a un animal salvaje e impredecible tomar la delantera... precisamente para poder estudiarlo mejor desde una distancia segura. "La Lente primero. Luego el Gremio. Guíeme." Hizo un gesto amplio, cediéndole la iniciativa.
Martín asintió secamente, sin mostrar alivio ni triunfo. Se giró, ignorando los mapas que Thorian podría haber desplegado o las rutas obvias que Althaea podría haber sugerido basándose en el terreno. Cerró los ojos por un instante, no para ver el código, sino para sentir esa débil "nota desafinada", esa perturbación en el vacío energético que había asociado con la Lente. Era más clara ahora, como si el contacto con el círculo hubiera afinado esa percepción particular o como si la Lente misma hubiera "respondido" a la resonancia que él había emitido.
Abrió los ojos y comenzó a caminar. No hacia la sección noroeste que Elmsworth había indicado inicialmente, ni siguiendo un sendero visible. Se movió con una seguridad desconcertante, casi sonámbula, a través del laberinto de ruinas, tomando giros inesperados entre muros derrumbados, rodeando montones de escombros, descendiendo por una rampa de losas agrietadas hacia una sección inferior del complejo que no parecía haber sido explorada recientemente. Se movía como si siguiera un hilo invisible que solo él podía ver, una brújula interna sintonizada con el eco energético de la Lente perdida, una información probablemente filtrada por la fría lógica analítica del Arquitecto durante el breve contacto con el círculo.
Althaea y Thorian intercambiaron una mirada cargada de preocupación y asombro.
"?Consulta previa de datos cartográficos?" murmuró Thorian a Althaea, su voz apenas un susurro. "Imposible, no tuvo acceso a los planos detallados de esta sección, si es que existen."
Althaea negó con la cabeza, sus ojos fijos en la espalda de Martín, que avanzaba sin vacilar. "?Desde cuándo Martín deja de analizar y consultar antes de moverse?" preguntó retóricamente, su voz te?ida de inquietud.
"Desde que tocó algo," respondió Thorian sombríamente, "que claramente no era para tocar."
Lo siguieron de cerca, Althaea escaneando el entorno en busca de peligros físicos con una alerta redoblada, Thorian monitorizando a Martín con sus sensores, registrando las débiles pero constantes fluctuaciones energéticas que parecían guiarlo.
Elmsworth los seguía unos pasos más atrás, su expresión una mezcla de fascinación científica y una creciente aprensión. La forma en que Martín se movía, la certeza inexplicable de su rumbo, desafiaba toda lógica arqueológica o metodológica que conocía. Este Rango C era mucho más de lo que parecía, y mucho más de lo que el Gremio le había hecho creer.
Finalmente, Martín se detuvo frente a una estructura más peque?a que las demás, quizás una antigua capilla lateral o un peque?o observatorio, cuyo techo se había derrumbado parcialmente hacia adentro, creando una mara?a de vigas rotas y losas caídas. Se?aló hacia una esquina oscura, donde un montón de escombros y tierra se acumulaba contra la pared interior.
"Está ahí debajo," dijo, su voz neutra, factual, sin rastro de duda. "Atrapada entre esas dos losas grandes."
Sección 5: La Lente Recuperada y el Pacto Cumplido
Elmsworth se adelantó, sus ojos brillando con avidez al mirar hacia el montón de escombros se?alado por Martín. "?Estás seguro?" preguntó, aunque el tono de voz de Martín no dejaba lugar a dudas.
"Mis... sensores... indican una concentración de energía anómala consistente con la firma de referencia bajo esa acumulación," intervino Thorian rápidamente, ofreciendo una explicación técnica que sonaba plausible y evitaba mencionar la extra?a guía de Martín. Se acercó a los escombros, sacando de su caja modular un par de guanteletes reforzados y una robusta palanca de metal. "Permítanme. Requiere una extracción cuidadosa para evitar da?os estructurales adicionales."
Con Elmsworth observando cada movimiento con impaciencia contenida, y Althaea vigilando los alrededores por si la conmoción atraía alguna atención no deseada (aunque el silencio de las ruinas persistía), Thorian se puso manos a la obra. Usando una combinación de fuerza bruta controlada y la precisión de sus herramientas, comenzó a remover las losas caídas más grandes y los escombros acumulados. El trabajo era lento y polvoriento, el sonido de la piedra raspando contra la piedra resonando extra?amente en la quietud de la cámara derrumbada.
Finalmente, tras apartar una losa particularmente pesada, Thorian soltó un gru?ido de satisfacción. "?Detectado! Objeto parcialmente visible."
Martín se acercó. Entre el polvo y los fragmentos de roca, vio un destello oscuro, una faceta de cristal que atrapaba y extinguía la escasa luz. Con cuidado, metió la mano entre los escombros y extrajo el objeto.
Era la Lente de Resonancia Armónica. Un disco de un material cristalino opaco, casi negro, del tama?o de la palma de su mano, tallado con una miríada de facetas increíblemente precisas que le daban un aspecto de gema compleja y oscura. No emitía luz propia, pero al moverla ligeramente, diminutas chispas de luz fría –azules profundas, violetas intensos– parecían parpadear y danzar en sus profundidades insondables, como estrellas atrapadas en un fragmento de noche sólida. Estaba fría al tacto, sorprendentemente pesada para su tama?o, y vibraba con una energía muy sutil, casi subliminal, un zumbido bajo y armónico que resonaba extra?amente con algo dentro de Martín, quizás con el brazalete o con las energías contenidas en su interior.
Sin decir palabra, se la tendió a Elmsworth. El erudito la tomó con manos casi reverentes, sus dedos recorriendo las facetas con una mezcla de alivio y posesividad. La examinó minuciosamente por un momento, inclinándola para observar el juego de luces internas, murmurando para sí mismo sobre "integridad estructural" y "resonancia armónica estable". Finalmente, asintió, satisfecho. "Intacta," declaró. "Un golpe de suerte... o una guía muy precisa, Sr. Vega." Su mirada hacia Martín era ahora una mezcla indescifrable de gratitud forzada, curiosidad científica y una nueva y profunda cautela.
"El trato, Maestro Elmsworth," recordó Martín, su voz firme.
Elmsworth pareció salir de su ensimismamiento con la Lente. Su expresión se endureció ligeramente, la reticencia visible en sus facciones. Pero sabía que no tenía opción si quería mantener la cooperación (o al menos la no hostilidad) de este grupo anómalo, especialmente de Martín, su recién descubierta "clave". Sacó de una bolsa en su cinturón un peque?o dispositivo de comunicación rúnica, más compacto y sofisticado que cualquiera que Thorian hubiera mostrado. Tecleó rápidamente una secuencia de comandos codificados. "Comunicador del Gremio, código de acceso Elmsworth-Beta-7. Solicitud de modificación de contrato activo," dijo al dispositivo. "Misión #901, asignada a Grupo C-Vega. Solicito retirada formal e inmediata." Hizo una pausa. "Motivo: cambio imprevisto de prioridades logísticas y reevaluación de la necesidad operativa en la zona designada RCM-E4." Esperó unos segundos, mirando la peque?a pantalla del comunicador. Una luz verde parpadeó brevemente. "Confirmación recibida. Misión #901 cancelada del registro activo. Fin de la transmisión." Guardó el dispositivo con un gesto brusco. "Hecho," dijo secamente, mirando a Martín. "Su... protegidos... del Cruce ya no son un objetivo oficial del Gremio."
Entonces, hizo algo que dejó a Martín, Althaea y Thorian completamente desconcertados. Volvió a mirar la Lente de Resonancia en su mano, acariciando sus facetas oscuras por un instante. Luego, con una sonrisa enigmática que no transmitía calidez sino un cálculo frío y distante, se la tendió de nuevo a Martín.
"Tómela, Sr. Vega," dijo, su tono ahora suave, casi seductor en su intensidad científica. "Quédesela."
Martín lo miró, confundido. "?Qué?"
"Tras lo que he presenciado hoy," continuó Elmsworth, sus ojos grises fijos en los de Martín, "está abundantemente claro que usted posee una... resonancia innata, una conexión con las energías subyacentes de este lugar, que este instrumento apenas puede imitar o medir. Será infinitamente más útil, más reveladora, en sus manos que en las mías." A?adió, inclinándose ligeramente hacia adelante, su voz bajando a un susurro confidencial y perturbador: "Yo... ya he aprendido que a veces, para entender los fenómenos más complejos, es más productivo mirar desde la distancia. Observar al catalizador en acción. Por ahora."
Le cerró los dedos a Martín alrededor de la Lente fría y sutilmente vibrante, asegurándose de que la tomara. El contacto fue breve, pero Martín sintió una extra?a corriente pasar entre ellos.
"Considérelo un... anticipo," concluyó Elmsworth, retrocediendo un paso y recomponiendo su sonrisa enigmática. "Una inversión inicial en nuestra futura y, estoy seguro, extremadamente fructífera colaboración." Miró de Martín a Althaea y Thorian, y luego de nuevo a Martín, una chispa calculadora brillando en sus ojos. Mientras lo decía, su mirada se desvió fugazmente hacia Althaea, una evaluación rápida y casi imperceptible, como si ya estuviera considerando las dinámicas del grupo, las posibles lealtades y las futuras grietas que podría explotar. "Se está forjando una alianza muy, muy interesante aquí, ?no cree?"
La pregunta quedó flotando en el aire cargado de polvo y secretos antiguos, junto con el peso inesperado de la Lente ahora en posesión de Martín.
Sección 6: Regreso y Preguntas Incómodas
Dejaron atrás la estructura derrumbada y la cámara del círculo, saliendo de las profundidades relativas de esa sección de las ruinas y regresando hacia la zona donde Elmsworth había establecido su campamento. Martín llevaba ahora la Lente de Resonancia guardada con cuidado en una bolsa interior de su túnica; su peso era tangible, y la sutil vibración que emanaba era un recordatorio constante y desconcertante de los eventos recientes y del extra?o pacto sellado con el erudito.
Elmsworth caminaba unos pasos por delante, aparentemente absorto de nuevo en la observación de las inscripciones y la arquitectura, aunque Martín sospechaba que su mente estaba trabajando febrilmente, procesando lo que había presenciado y planeando sus próximos movimientos. La tensión entre ellos y el erudito no había disminuido; simplemente había cambiado, volviéndose más compleja, te?ida ahora por el conocimiento compartido (y no compartido) y la inquietante "alianza" propuesta.
Fue una vez que estuvieron a una distancia prudencial de la zona del círculo, en un tramo más abierto donde las ruinas daban paso a terreno rocoso y matorrales, que la contención de sus compa?eros finalmente se rompió.
Althaea fue la primera, deteniéndose y obligando a Martín a hacer lo mismo. Su rostro, normalmente una máscara de calma estoica o alerta depredadora, mostraba ahora una abierta preocupación y una confusión que no intentaba ocultar. "?Qué fue eso, Martín?" preguntó directamente, su voz baja pero intensa, sus ojos ambarinos buscando los suyos. "?El círculo? ?La luz? ?Tu cuerpo... dividido?" Hizo una pausa, luchando por encontrar las palabras. "?Y tu voz? Sonaba... rota. Ajena. ?Y cómo demonios sabías dónde estaba esa... Lente?" Las preguntas salieron atropelladamente, una cascada de inquietud acumulada.
Antes de que Martín pudiera siquiera intentar formular una respuesta, Thorian intervino, acercándose con su tablilla de datos ya en la mano, sus sensores probablemente habiendo registrado cada fluctuación durante el evento. Su tono era una mezcla de alarma científica y una profunda, casi académica, perplejidad.
"Althaea tiene razón en cuestionar," dijo, su mirada fija en Martín, no con la avidez de Elmsworth, sino con la preocupación de un ingeniero ante un sistema crítico que ha mostrado un fallo catastrófico e inexplicable. "Mis sensores registraron una sobrecarga bio-energética masiva y multifásica durante tu contacto con el artefacto circular. Una manifestación de campo dual de polaridad opuesta y naturaleza espectral conflictiva... ?Rojo umbrío contra azul-negro geométrico! ?Inaudito!" Consultó su tablilla. "Seguido de lo que solo puedo clasificar preliminarmente como una... ?transferencia de datos? Una interacción bidireccional de naturaleza y protocolo desconocidos entre tu campo energético personal y la estructura latente del círculo."
Levantó la vista de la tablilla, sus ojos serios tras las lentes. "Si quieres que registre todo esto en el informe oficial para el Gremio como una simple 'anomalía energética transitoria de origen indeterminado' para mantener tu precario estatus de Rango C, lo haré. El protocolo permite cierta... discreción descriptiva en fenómenos no catalogados." Hizo una pausa, su tono volviéndose más grave. "Pero mi tablilla," golpeó el dispositivo en su cinturón con un dedo grueso, "mi propio registro detallado, cree que has interactuado directamente con algún tipo de códice de datos pre-Convergencia, o que has absorbido o canalizado información de una forma completamente no estándar y potencialmente peligrosa." Se inclinó ligeramente hacia Martín. "?Quieres saber qué decía la interfaz de diagnóstico de mis sensores de campo durante el pico de la manifestación? Parpadeaba en rojo intenso: 'Error de Contención de Flujo de Datos. Integridad del Sujeto Comprometida. Protocolo de Emergencia: Retroceda Inmediatamente.' Y eso, Sr. Vega," concluyó sombríamente, "nunca, nunca, aparece en una simple lectura ambiental o en una interacción controlada con artefactos."
Las preguntas de Althaea, la confirmación técnica de Thorian... Martín se sintió acorralado, expuesto. Miró a sus compa?eros, vio la preocupación genuina en los ojos de Althaea, la alarma bajo la fachada analítica de Thorian. Sabía que no podía seguir ocultándoles la verdad completa, no después de esto. La manifestación, por breve que hubiera sido, había revelado demasiado. Y con Elmsworth ahora observándolo con esa nueva y peligrosa intensidad, necesitaba a sus aliados más que nunca. Necesitaba que entendieran, al menos en parte, la guerra que se libraba dentro de él.
Respiró hondo, el aire seco y polvoriento de las ruinas llenando sus pulmones. "Está bien," dijo finalmente, su voz aún te?ida por el doble eco, pero firme. "Necesitamos hablar. Necesito... intentar explicarles."

